Además de días internacionales y mundiales de todo, por y para casi todo, ahora resulta que "Pantone", según la prensa, "autoridad global del color y proveedor de los estándares de color profesionales para la industria del diseño" (¡de lo que se entera una!), ha determinado que el color oficial para 2010 sea el turquesa, el color anticrísis, ¡ahí es ná!
Parece ser que el poder sedativo y curativo de este color, predispone a la lealtad y a la verdad, además, como en estos tiempos que corren lo mejor es evadirse de la realidad, ahora resulta que también te lleva hasta el paraíso tropical.
En fin, a mí me encanta el turquesa, no me sienta bien pero me gusta mucho el color. Hecho este pequeño inciso, ya veo la inundación este próximo año del colorcito de marras por todos lados; ya veo los diseños de la Ruíz de la Pava para sábanas, toallas y albornoces varios, ¡ufff!
Aunque pensándolo bien, no sé yo si crear un grupo de apoyo para que el señor Zapatiesto comience a vestir de turquesa, no sé, por aquello de la verdad y la lealtad. Por aquello del poder curativo, a ver si se recupera rápidamente de su reconocida y preocupante a muchos niveles, tendencia a la mentira compulsiva. O lo mismo me estoy equivocando y ya usa el turquesa en la intimidad, por aquello que decía Kandinsky que "el verde es como una vaca sana, pingüe y quieta, que rumiando observa con ojos soñolientos y atontados el universo"
Hoy hace un auténtico día de invierno en Murcia. Se ha dejado caer como siempre, sin avisar. Llueve, hace un viento gélido y lo que más, una humedad que entra por los pies, invade todo tu cuerpo y cuando te quieres dar cuenta, por la noche, te duele la espalda y no sabes de qué. Pero sí, es de andar todo el día encogido por el frio.
Hoy hace día de migas, de brasero y mesa camilla, de tertulia al calor de la lumbre. Hace día de llegar a casa, quitarte las botas mojadas y arrebujarte en el sofá con la mantita de cuadros, ¡hace día de tantas cosas! y yo he tenido que salir a las cinco al médico y creí que me congelaba por el camino.
Hoy hace seis meses que mi padre nos dejó y sin embargo, está más presente que nunca. Tengo esa extraña sensación de que en cualquier momento lo voy a ver, va a volver para poder darle un cálido abrazo y sentir que todo está bien, sentir que me dice que todo va a salir bien, que siga adelante, que no desfallezca, que todo se arreglará, aunque sólo sea un instante fugaz, ¡te echo tanto de menos papá! Estoy escribiendo y la vista se me nubla por las lágrimas y salen, y ruedan por mis mejillas. Sé que tu ciclo se cumplió y lo acepto, pero lo único que me da una rabia infinita de la muerte, es saber que nunca más voy a volver a verte, a abrazarte, a pedirte consejo, a sentarme a tu lado en el sofá y cogerte del brazo, a escuchar tres veces el telefonillo y saber sin preguntar que eres tú quién sube en el ascensor.
Hoy es un día gris, triste y muy muy frío papá. Espero que allá donde estés, que seguro que es en el sitio de los hombres buenos, estarás de tertulia al calor de una chimenea.
Con tanto día seguido de fiesta, está la peña soliviantada. Hasta diría que algún que otro amable ciudadano ha pasado por urgencias médicas para tratarse algun leve ataque de ansiedad, de ver que no ha podido contactar con nosotros durante cuatro días, ¡ayyy, qué bonito es que te echen de menos!
Así que como podeis imaginar, ayer y hoy han sido días de nimediosegundoparalevantarmequellevomediohorameándomeviva y mañana también promete, porque ya estamos de nuevo a viernes y no sé porqué, ésto crea cierta inquietud entre los "llamantes" (que así les llamaba un antiguo compañero que pasó a mejor vida, no porque falleciera el muchacho ¡no!, si no porque cualquier cosa fuera de aquí sabe a gloria bendita).
La especie de los "güevones" sigue in crescendo, pero cada día me convenzo más de que esta actitud está fomentada por esas madres y esos padres amantísimos que lo único que hacen es hacer "inutilísimos" a sus vástagos, ¡vaya futuro!. Para muestra, estas perlicas:
Buenos días, le atiende Ana, ¿en qué puedo ayudarle?
Mire usted, pa una cita pa mi hijo, que tiene el carné allí desde septiembre.
¿Se refiere al carné de demanda de empleo?
No, no, al DNI, que se lo dejó allí y como es un poco dejao, he tenido que llamar yo.
(¿Y qué pasa?, que como al chiquillo le da vergüenza después de tres meses ir a recogerlo, pues ahí está la mamá, para pedir cita y por supuesto, para ir a recogerlo a la oficina, como si lo viera, ¡madre mía, qué país!)
¿Me dice el DNI, por favor?
Pues mire, es que la cita es para mi hija y es que está en el báter, perdone, ¿le puedo dar el mío personal?
(Y uno ha ido usted al cuarto de baño por ella porque no puede, ¡que si nooooo...!)
Es que mire usted, la cita es pa mi Juan ¿sabe?
(Bien, sí, bueno... como si es pa su Pepe, sin el DNI, no le puedo dar la cita pa su Juan)
Fecha y hora, una inagotable fuente de inspiración, ahí vamos:
Bien, pues tiene usted la cita confirmada para las 12:45.
¿Eso es por la mañana o por la tarde?
(Pues lo mismo depende de si ha comido usted ya o no, ¡no te jode!, las 12:45 son las 12.45 aquí y en Pekín...)
¿Para qué hora quiere usted la cita?
¿Qué hora es?
Las 08:50.
Pohhhh, pa antes de las dos.
(¡Diga usted que sí!, ahí, dando facilidades y sin estresarnos mucho...)
De acuerdo, tiene usted confirmada la cita para el día 30 a las 10:15.
¿En qué cae el día 30?
En miércoles, miércoles día 30.
Espere, espere... es pa ver si tengo que hacer algo ese día.
(¡Hay que joderse pa no caerse!)
Lo siento, tiene usted que llamar a partir de las 09:00, es cuando el departamento empieza su servicio de atención telefónica al público.
¿Y qué hora es?
Las nueve menos diez.
¿Y tengo que esperar los diez minuticos?
(Y los doce si fuera necesario, ¡puedes anda que no se pueden hacer cosas en 10 minutos!, ea, a esperar un ratico, ¡ufff...!)
Y aquí van las últimas sueltas entre letras de los "denises", expresiones propias de la tierra y el juego que sigue dando la oficina de la c/ Jorge Juan...
¿La letra del DNI, por favor?
La pe (que perfectamente puede ser telefónicamente hablando la de, la te o la ge).
¿De Pepe?
No, la PE, la pe, lo que viene siendo una PE.
(¡Dios mío!, qué ignorancia la mía, ¡pues claro!, lo que viene siendo una PE, de las de pepe de toda la vida... respira hondo Anita, ya queda menos)
¿Para cuándo quiere usted la cita?
Contiantes vaya, antes m´espacho.
(Diga usted que sí señora, con contundencia, con decisión, cogiendo el torico por los cuernos y si es en panocho, mejor que mejor que así hacemos patria del idioma de la tierra, ¡ole!)
Muy bien, tiene usted confirmada la cita para el martes 22, a las 09:30 en la oficina de Jorge Juan.
¿Jorge Juan es la persona que me va a atender?
(Estooo... uhmmm... pues ahí me ha pillado, pero vamos, en cualquier caso, tanto si le atiende Jorge Juan como Antonia del Carmen, seguro que queda usted satisfecho con la atención recibida)
La verdad que la idea de pasar una tarde agradable a resguardo de viento y fresco, no es hacerlo en la sala de espera de mi ginecóloga, que aunque después de la reforma que le ha hecho (que ya le iba tocando) y que dicho sea de paso, ha quedado monísima, sigue sin tener lectura de interés ni hilo musical. Yo, que siempre voy por el mundo de alma cándida (así me luce el pelo) y con la premisa de que más vale que yo espere a hacer esperar, resulta que me planto allí a las 17:30, un cuartito de hora de antelación tampoco es tanto ¿no?.
Pensando que no habría mayor demora, no me llevo las gafas de cerca, porque sin ellas ya, no veo un pijo, que se dice por esta bendita tierra, ¿y qué me encuentro?, una sala repleta de gente, según la enfermera, una hora de retraso y... sin nada más que hacer que esperar, no cabía otra. Lo que suele pasar en estos casos ya se sabe, te dedicas a observar (o al menos yo, que soy gran observadora) al personal allí presente.
A todo ésto, el timbre, la puerta que se abre, una señora que entra con una niña rubia, casi albina, pegada a un gran lazo de tul en la cabeza y trajecito abullonado, vamos, la típica niña pija que me pone de los nervios. La mamá no se quedaba atras, claro está. Una señora que medía cerca del metro ochenta, con tacones, medias grises tupidísimas con destellos brillantes y una falda por encima de la rodilla de tafetán en tono morado oscuro. Pelo largo, negro, ojos muy tristes, de esos que parece que te cueste trabajo levantar los párpados y mirándonos a todos con languidez y con ese aire de superioridad que me ataca.
Claudia, que así se llamaba la niña, sacó de una bolsita primorosa que llevaba, unas barritas tipo energéticas, un zumo de algo y se sentó muy modosita ella a merendar sentada en un sillón que la envolvía totalmente. En Murcia, no se suelen pronunciar las eses finales (sí, se habla bastante mal, hay que decirlo), así que escuchar a una "mengaja" pronunciar unas eses tan sonoras que te rechinan los oídos, te hace pensar de dónde ha salido semejante repollo, con ese lazo enorrrme que parecía fijado a la cabeza con un corchete y rematado con kilo y medio de laca porque no se movía ni p´alante ni p´atrás. Claudia había hecho los deberes y la lista de los posibles invitados a su fiesta de cumpleaños, "bueno, a ese niño sólo si se porta bien, mami", ¡ajjj!
Cuando empezó a entrarme una "soñarrera" considerable, ya se sabe, el calorcito humano, la desesperación de la espera y el aburrimiento en grado máximo, miro el reloj ¡y eran las 18:30!, llevaba una hora observando a madre e hija, que era lo más significativo de la sala de espera y encima, habiendo llegado después que yo, va la enfermera y la pasa a consulta por delante de mis narices ¡ayyyy, que me lío!, pero no, yo, prudente donde las haya, me digo a mí misma que voy a esperar un poco más.
La señora sale por fin de la consulta y mientras está en el mostrador de la enfermera oigo a la niña que dice: "yo tengo ya 3 añazos",¿3 añazos?, ¿no hubiera sido más divino de la muerte decir 3 añitos?, no, ella estaba muy orgullosa de tener 3 añazos, sí señor, ¡fuera tonterías!, a lo que mamá añadió que estaba contentísima con no se qué academia que parece estar de moda ahora, porque Claudia, con sus tres añazos, ya sabía contar hasta 70, multiplicar, leer y escribir, ¡es alucinante!, ¡hasta 70, qué vértigo!
En fin, que me nombran, que ¡me toca ya!, que por fin son las 19:00 y me toca entrar, resignada como siempre a dejarme manosear, sobar, introducir artilugios varios y a perder un poquito de dignidad en semejante posturita.
Esta tarde me ha dado la vena murcianica por un correo que he recibido y que os transcribo aquí. Os lo ilustro con este vídeo de la cerveza "Estrella de Levante", autóctona, tópica y típica de Murcia y los murcianos. Espero que al menos, os llame la atención.
¡Pa´que nos entiendan cuando hablamos!
El murciano no te llama, te pega un telefonazo.
El murciano no te saluda, te dice: ¡Eeeh! A la vez que levanta la barbilla.
El murciano no se cae, se mete un hostión de mucho cuidao.
El murciano no se lanza, se embala.
El murciano no es pequeño, es chico.
El murciano no se emborracha, se chispa cuando ha bebido un poco y se pone ciego cuando ha bebido mucho.
El murciano no es que no lo entienda, es que no lo coge.
El murciano no te pregunta de donde vienes, te dice: ¿Ánde vas?
El murciano no molesta, da más por culo que una mosca en la siesta´el día.
El murciano no te golpea, te hincha a hostias.
El murciano no duerme, se clisa(me encanta esta palabra).
El murciano no trabaja mucho, echa más horas que un reloj.
El murciano no te pregunta si has empezado, te dice: ¿Por ánde llevas el tajo?.
El murciano no consigue las cosas, se las gobierna.
El murciano por la mañana no empieza a trabajar, se engancha.
El murciano no es que no pueda o no tenga tiempo, es que no tiene lugar.
El murciano no va en órden, va a tajo parejo.
El murciano no tiene miedo, se caga las patas abajo.
El murciano no es que vaya rápido, es que va a pijo sacao.
El murciano no te da un trozo, te da un piacico.
El murciano no te da un poco, te da una chispa.
El murciano no te da un cacho, te da una miajica.
El murciano no come fideos, come aletría.
El murciano no te dice que te esperes dos segundos, te dice: ¡Espérate una chispitica!
El murciano no sale de fiesta, sale de ronda.
El murciano no se va, sale arreando.
El murciano no mete monedas en la hucha, las mete en la alcancía.
El murciano no ríe a carcajadas, se da una panzá reir.
El murciano no pide que lo lleven, pide que lo acerquen.
El murciano no es buena persona, es un piacico pan.
El murciano no queda contigo a una hora determinada, te dice: ¡Ahra, si eso voy!
El murciano no está cansado, está reventaoooooo.
El murciano no te da la razón, te dice: ¡Vaya un pijo!
El murciano no vive lejos, vive ¡¡an´ca Dios!!
El murciano no compra zapatillas, compra alpargates.
El murciano no va muy veloz, va ligero.
El murciano no se enfada, ¡¡le da una pesambreee!!
El murciano no habla bajo, habla abonico.
El murciano no gana un sueldo, gana un jornal.
El murciano no es que tenga pocas cosas, es que tiene chuminás.
Además…
En Murcia no te llevas a la playa la nevera, te llevas la capaza.
En Murcia no hay agujeros, hay bujeros.
En Murcia las cosas no se caen, se esturrean.
En Murcia no hay niebla, hay boria.
En Murcia no hay techados, hay tambanillos.
En Murcia no hay mucho, hay a pajera abierta.
En Murcia no hay esquinas, hay picoesquinas(ésto es cartagenero, hay que puntualizar)
En Murcia no eres zurdo, eres zocato.
En Murcia no hay sandías, hay melones de agua.
En Murcia no hay estanterías, hay lejas.
En Murcia no hay maíz, hay panizo y tampoco hay mazorcas, hay panochas.
En Murcia no hay cubos, hay carderos.
En Murcia no hay manzanas, hay peros.
En Murcia no hay alcaparras, hay tápenas.
En Murcia no se mezcla, se regüerve.
En Murcia no se hinchan las ruedas, o bien se bufan, o bien se les da viento.
En Murcia no es que no te guste trabajar, es que eres un gandúl (de éstos conozco yo unos cuantos)
En Murcia no te sumerges, te capuzas.
En Murcia no hay petardos, hay piolas.
En Murcia no hay niños, hay zagales.
En Murcia no hay guisantes hay pésoles.
En Murcia no hay cosas en mal estado, están revenías, o mejor todavía, están pansías.
En Murcia no hay alcachofas, hay arcanciles.
En Murcia no se riegan las plantas, se rojían.
En Murcia las casas no tienen porche, tienen placeta.
En Murcia hay dos tipos de caracoles, los chicos y los chupaeros (Y aquí Juan tendría mucho que decir).
Aprovechando que hemos empezado la jornada laboral con el mensaje que dice: "por problemas técnicos, elservicio permanecerá temporalmente interrumpido" ¡ole, ole y oleeeeeeeee!, aprovecho para meter las últimas perlicas, que como siempre, tienen poco desperdicio, ¡ole, ole y oleeeeeeeeeeeeeeeee!, qué paz, qué silencio, qué sosiego, miro la pantalla y aunque dice "agente disponible", no suena, ni parpadea, sólo el ruído de mis teclas, estoy sorda, me concentro, ahí van...
Las horas también dan juego, no creais:
Muy bien, tiene usted confirmada la cita para mañana a las 17:30.
¿De la tarde?
(¡No!, es "la noche de las citas", este servicio no va a ser menos que los museos, así que... a las cinco y media de la mañana, aquí, clavadito como un reloj...)
De acuerdo, pues tiene usted confirmada la cita a las 09:45.
¡¡¿A las 09:45, pues no me ha dicho usted antes a las diez menos cuarto?!!
(Me costó un poco reaccionar, lo juro...)
¿Quiere que le enviemos un mensaje al móvil para recordarle fecha y hora de la cita?
Sí, sí, que ayer me lo mandaron mú bien.
(Si es que aquí somos mú bien mandaos, ¡faltaría plus!)
¿Desea usted que le enviemos un mensaje recordatorio al móvil?
Sí claro, porque si fuera pa hoy me acordaría.
(¿No ha oído nunca hablar de papel y lápiz?, porque ya imaginar que sepa lo que es una agenda, como que no me alcanza... ¡luego vienen las "madresmías" si falla el que "manda" los mensajes!)
¿Para cuándo quiere usted la cita?
Contiantes (léase cuanto antes)
¿Para hoy?
No, no, pa hoy ya no.
¿Para mañana?
¿Tiene p´al lunes?
(Pues menos mal que era pa "contiantes" Si es lo que ya he dicho muchas veces, "no hagas hoy lo que puedas dejar para mañana")
Existe en Murcia una oficina situada en la c/ Jorge Juan, lo que a veces, produce situaciones como estas:
Bien, tiene usted confirmada la cita en la oficina de Jorge Juan para...
¡No, no, oiga!, que no me llamo Jorge, que soy sólo Juan (1)
Nooooo, perdone, yo me llamo Juan Antonio, no Jorge (2)
(A ver señores míos, uffff... ¿para qué nos dio Dios dos oídos, amén de dos orejas, y una sola boca?, ¡hay que escuchar más y atropellar menosssss...)
Tenemos por aquí a los inocentes:
Buenos días, le atiende Ana, ¿en qué puedo ayudarle?
Oiga, si se me corta, ¿me puede llamar usted?
Los "sinfuste":
Disculpe, en este momento el departamento comunica. Si no le importa llamar un poquito más tarde, lo intentamos otra vez.
Pa estar operá y no ganar ná, bastante me estoy gastando en teléfonos ¡coño! CLOCK (sonido seco y muy desagradable cuando un cuelga el auricular de un golpe y por supuesto, sin dar ni las gracias)
(Señora yo también estoy operá, pero de éso hace ya... ¡ufff! mejor no recordar... Y digo yo, ¿qué tendrá que ver el tocino con la velocidad?, en fin...)
Los giros lingüísticos, sin acritud de ninguna clase, a veces te dan que pensar:
Quiero una cita pa rallar el paro (la verdad es que sí que ralla, sí...)
Quiero una cita pa la agotación del paro (Agotación la que tenemos nosotros, ufff...)
Quiero una cita pa la prófuga del paro (¿Esta fue la que salió corriendo con la pasta?)
Quiero una cita pa ver si me toca la paga (¡navidad, navidad!, lá, lá, lá...)
Unas penando por ¡uno al año!, entiéndase compartido, y otras... ¡sin palabras me he quedado!, juzgad por vosotros mismos, porque la noticia no tiene desperdicio.